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martes, 8 de abril de 2014

Mi hombre ideal

L. era de acuario
El sk8er era del conurbano
Perrugato era hincha de racing
El error era peronista
El sociólogo era sociólogo
El amigo de Ro era músico
Píldora era medio lumpen

Un poco de aquí y un poco de allá... Si sos de acuario, del conurbano, hincha de racing, peronista, sociólogo, músico y medio lumpen, no te me acerques porque me enamoro.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Y no es lo mismo planificar que soñar


Más que de irme a vivir sola tengo ganas de construir mi espacio propio. Me imagino pintando y decorando y comprando muebles y cosiendo cortinas y fundas para almohadones. Armando la biblioteca y clasificando los libros. Poniendo plantitas en el patio y que me empiecen a gustar las plantitas para poder tenerlas en el patio. Y tanto me lo imagino que puedo hacer una descripción exhaustiva de cómo me gustaría que fuera mi casa. Le dedicaría tanto, tanto tiempo a mi casa que no tendría tiempo para invitar a la gente para que la conozca.

A veces pienso que me quiero ir a vivir con mi novio y a veces pienso que ni en pedo. A veces pienso que viviría con mi hermana y a veces pienso que ni en pedo. A veces pienso que me gustaría vivir sola sola y a veces pienso que no me alcanzaría para el alquiler…

Pero yo sigo soñando, a pesar de que hace un año y medio que es tema de mi terapia la planificación excesiva.

sábado, 14 de enero de 2012

Otra vez, echo comida para dos

¿Alguna vez alguien se detuvo en lo difícil que es preparar fideos para una sola persona? Es fija que siempre te vas de mambo y sobran un montón.

Y entonces claro, ¿cómo cualquier recién divorciadx no se va a deprimir con frecuencia? Si en la heladera hay un táper lleno de fideos que sabe a tu nombre y guarda tu recuerdo...

viernes, 6 de enero de 2012

El Norte

Hace un par de meses, cuando todavía estaba sin L. y muy entusiasmada con mi viaje al norte, escribí este texto. Me acuerdo que estaba estudiando Matemática y entre tantas Derivadas que invadían mi cabeza y mi cuaderno apareció, como signo de resistencia, este escrito.

Es curioso que lo esté subiendo recién hoy. Me encuentro ahora con L. (lejitos, pero presente en mi vida), y hoy debería estar yéndome al norte y sin embargo acá estoy. Sí, terrible volantazo en mi vida.

Pero lo estoy subiendo hoy, porque aunque tenga nuevamente compañero de camino y aunque me pase todo enero en Buenos Aires, creo que la esencia del poema no cambió. Creo que sigo buscando mi propio norte. Mi posición geográfica no ayudará a que el efecto sea muy poético, pero hacia el norte de mi brújula voy. Y, lo que es más importante, soy consciente ahora, de que aunque camine tomada de su mano y aunque nos estemos acompañando en la búsqueda, mi norte va a ser siempre mío y el rumbo que decida para mi vida lo voy a seguir eligiendo yo. Lo que sigue presente es la idea de la búsqueda, de la pregunta, de la duda, del empeño por encontrar objetivos y correr tras ellos. Por supuesto que espero que el brillo de ese sol, los colores de ese paisaje y la intensidad de ese relieve, sean capaces de acompañarme en este desafío. Pero ya no estoy dispuesta a resignar mi búsqueda si ellos no lo son.

No es casualidad que en este momento de mi vida, todos mis planteos se resuman a la pregunta de qué vida quiero tener. Y no hay nada que me haga más feliz que salir a buscar la respuesta.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Calienta pijas

El otro día discutía con L. (*) si yo era o no calienta pijas. Yo aseguraba que sí, pero él me decía que el término alude a "la que calienta la pava pero no ceba el mate" y que por lo tanto no se aplicaba. Yo seguía asegurando que sí. El sábado a la noche empecé a esbozar una teoría sobre la cuestión.

Yo soy cero histérica, cero. Me gustás y te gusto, vamos a la cama. Así, sin vueltas. Sin rodeos. Sin obstáculos innecesarios. Y el hecho de no ser histérica, podría hacerme pensar que no soy calienta pijas. Pero no me conformo con eso.

El sábado a la noche me di cuenta de que disfruto mucho de calentarles la pava (sí, y no cebar el mate), a aquellos hombres a los que, ¿humildemente?, sé que les encanto. A aquel muchacho que describió la noche que pasó conmigo como "el mejor garche de su vida", no puedo evitar querer ir a bailarle y después correrle la boca. Es algo que va más allá de mí, y que me hace sentir tan placenteramente hija de puta. Con el otro que me busca y me busca desde segundo año pero que por lento o por tonto sólo estuvimos una vez, me pasa que me encanta piropearlo durante el día y esquivarlo durante la noche. Seré una persona muy mala en el fondo, puede ser.

Igualmente, a mi teoría le falta ir más al fondo de la cuestión. Leo el párrafo anterior y pienso que soy una egocéntrica de mierda: no sólo asumo que existen hombres a los que les encanto sino que además me aprovecho de eso para dejarlos con la chele. Calienta pijas de las jodidas. Pero pienso en mí conociéndome, y me pregunto si no será que lo tomo como un "refugio de seguridad", como una forma de lucirme donde sé que gusto y poder sentirme bien conmigo misma. Y eso me lleva a preguntarme por qué siempre necesito encontrar en los demás, la seguridad sobre mí misma.

Ok, ya sé de qué voy a hablar en mi próxima sesión de terapia.

(*) Estuve a punto de escribir "con mi novio", pero me adelanté al fallido; casi atino a "mi ex" pero me pareció que iba a quedar como un dato curioso en la anécdota; pensé en "mi ex/actual" pero me pareció muy pete. Así que de nuevo opté por llamarlo L.: este blog sabe mejor que nadie quién es L.

viernes, 2 de diciembre de 2011

El mal humor

Es como un interruptor que tengo en alguna parte de mi cuerpo y que alguien -o yo misma- aprieta sin saberlo. A partir de ahí se activa drásticamente mi estado de mal humor. Y cada palabra que entra por mis oídos me duele, me aturde, me lastima. No puedo volver a abrir la boca porque nada lindo saldría, y en cambio cagaría a puteadas a todo el mundo.

Las razones que hacen que ese interruptor se active son muy variadas. A veces, que tengo ganas de hacer algo imposible; salir con alguien que en ese momento no puede salir, por ejemplo. También cosas insólitas, por ejemplo, que sea muy tarde pero no tener ganas de dormirme. Algunas cosas más complejas, como que me dijeron algo que no quise escuchar. O tener que cumplir con responsabilidades que en ese momento no quiero; por ejemplo a veces me pone de mal humor tener reuniones los domingos. Una cosa que me pone particularmente de mal humor es no poder transmitirle al otro lo que me pasa, sentir que no me entiende o que no me sé expresar. Tener mucho sueño también me pone de mal humor.

Hay pocas cosas en la vida que me sacan del mal humor. Una cena con amigas, por ejemplo. Preparar mate, por ejemplo. Un mensajito de L., por ejemplo. Escuchar algún buen tema, por ejemplo. Un halago o cumplido hacia mi persona, por qué no. Un buen Solitario Spider que gane como una campeona, sí señor. Ahora que me doy cuenta, existen más cosas en la vida que me sacan del mal humor que las que yo pensaba. Ahora sí, si no van a hacer nada para sacarme, prefiero que me dejen sola conmigo misma.

A veces para salir del mal humor, duermo. Duermo eternamente. El problema es que no hay nada que me ponga de peor humor que quedarme dormida o levantarme muy tarde.
Uhm.
Igual creo que escribir esta entrada me sirvió.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sentir o pensar, esa es la cuestión

El problema es que me dice todo lo que quiero escuchar.

Tener de pronto a tu ex llorando, mirándote a los ojos y diciéndote "No puedo permitirme perderte", no es cosa de todos los días. Sentir que le encantás, que está contento porque vos hayas accedido a cenar con él, escuchar que sos hermosa y que no hay otra como vos. Que te cuente todo lo que te extraña y las ganas que tiene de estar con vos, sentirlo seguro en su decisión. Pensar, dos días después "No tiene por qué mandarme un mensaje, pero me gustaría que me lo mandara", ver el celular y encontrarte con un mensaje que decía "Me gustaría verte". Contarle que tenés un plan para la noche que es inviable para que se vean, que te responda que "puede hacer un esfuerzo". Que te llame y que te diga que quiere verte y que no le importa adónde te tiene que ir a buscar y si tiene que ir solo a buscarte. Contarle que estás indispuesta y que es sábado a la noche. Que te responda "Eso no me cambia nada, yo quiero estar con vos. Así que, a menos que no quieras, te llamo cuando esté para arrancar y te paso a buscar". Seguir tu noche y terminar fisurando en la fiesta a la que fuiste, y que en el momento justo y preciso te suene el teléfono y que sea él diciéndote "Estoy en la puerta, ¿venís?". Salir y que te vea en ese estado, que te acompañe y te cuide, que te sostenga el pelo mientras vomitás como una pelotuda. Que te pregunte "¿Te llevo a tu casa?", que le digas que no, "¿Te llevo a mi casa?", que le digas que sí. Llegar a su casa y que te prepare agua con limón, que te desvista y te mime, que te acaricie la espalda hasta el temblor.

No es cosa de todos los días. Es increíble.

Pero será que estoy sufriendo por adelantado, que no me estoy dejando entregar "por las dudas", que me angustio por pensar en cuando se acabe y deje de hacer estas cosas por mí. Será que me abruma tanta felicidad, que me siento desbordada porque no puede ser, porque algo tiene que salir mal.

¿O será que aprecio todo y lo aprecio mucho, pero no me pasa nada...?

Entonces, el problema no es que me digas todo lo que cualquiera quisiera escuchar. El problema es que nada de eso me va a venir bien hasta tanto yo no sepa qué es lo que quiero yo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La negación

Ayer tuve una revelación

y finalmente encontré

el famoso hilo conductor

entre mi viejo y mi ex.

lunes, 3 de octubre de 2011

Quizás no era el mejor momento de mi vida para ver este capítulo II

Sobre todo cuando de pura romántica, de asquerosamente cursi, de ingenuamente sentimental y de tan melosa que me doy bronca, justamente ayer, empezaba a escribir esto:

Lo que pasa es que la primera vez sabe a eternidad. Soñamos que la primera se convierta en la única vez. Soñamos que ninguna otra vez va a poder ser tan hermosa y alucinante como aquella primera vez.
Y sobre todo cuando esa primera vez (casi por definición) estuvo plagada de "quiero vivir toda la vida con vos", de "sos la mujer de mi vida", de pensar nombres para nuestros hijos y de buscar casas en alquiler, de soñadores nomás.
Y entonces, ese gustito de la primera vez, todavía (aunque haya pasado el tiempo y hayan pasado las cosas) sabe al sueño de la eternidad, que no fue y que no será.

Quizás no era el mejor momento de mi vida para ver este capítulo


Anoche me puse a llorar con la novela de Francella.

Todo el capítulo estaba atravesado por la idea de que hay que cerrar el pasado para abrirle paso al futuro.
La chica que iba a la agencia era Julieta, una mina que se había quedado en los '80, aparentemente por su ropa y por la música que bailaba, pero era porque nunca había podido superar al amor de su adolescencia. No paraba de nombrar al tal Darío, las cosas que hacían juntos, cómo se divertían, cómo lo extrañaba, a pesar de estar saliendo por primera vez con otro hombre y a pesar incluso (contaba ella) de haber estado casada durante ocho años con alguien. Darío seguía ahí, en su vida y en su corazón. Julieta le cuenta a Francella que terminaron cuando ambos cumplieron 20 años y que se prometieron que cuando cumplieran 40 se iban a reencontrar en su bar de siempre y que si estaban solos iban a compartir el resto de sus vidas. También le cuenta que ella efectivamente fue y él ni se apareció. Sale del boliche mamadísima y termina con Francella en la casa de Darío, que ya no era suya sino de su ex, que le dice a Julieta: "Así que vos sos Julieta... ¡y por tu culpa Darío nunca pudo quererme a mí! Tuve que acostumbrarme a vivir con tu fantasma, ¡hija de puta!". Entonces Julieta emprende la búsqueda de Darío, convencida de que a él le había pasado lo que a ella, de que él seguía extrañándola y deseándola con la misma vivacidad e intensidad que a los 20 años.
Francella encuentra al famoso Darío, que resultó ser un plomero gordo y pelado. Y resultó ser que sí se había presentado el día de sus 40, pero resulto ser que Julieta no lo había reconocido, "y ella estaba más linda que antes, la guacha". En el monólogo de Darío mis ojos se convirtieron en cataratas. "Cosa de pibes", decía, "Pensamos que nos iba a ser fácil encontrar otro amor, si nos pasó todo eso con el primero imaginate que todo lo que venía después iba a ser mucho mejor, ¿no? Cosa de pibes... Dijimos, así como canchereándola, bueno, cortémosla, veamos otras gentes..." Y más y más cataratas.
La historia termina simple y fácil. Efectivamente se reencuentran, se miran a los ojos, se besan, y viven felices para siempre.

Anoche me puse a llorar con la novela de Francella.

Y seguí llorando cuando terminó y también después, y hasta me acosté llorando.

martes, 27 de septiembre de 2011

Similitudes y diferencias

Similitudes:

1) Los escrutinios
En ambas ocasiones, la semana anterior a que cortáramos, se habían desarrollado las elecciones en la UBA. Ambas situaciones me hicieron a un lado de su vida.

2) La cena
En ambas ocasiones, la semana anterior a la que cortáramos, habíamos ido a cenar con su familia paterna. Ambas cenas me exasperaron.

3) Los vocativos
En ambas ocasiones, los días antes a que cortáramos, L. no podía usar los vocativos que frecuentaba para referirse a mí ("mi amor", "mi vida", etc). En ambas ocasiones, optó por el seco "petisa" o el forzadísimo "Pau".

4) La frase de Facebook.
En ambas ocasiones, después de cortar L. publicó como estado en Facebook la frase: "Si me cansé de mentir fue porque la verdad lastima sólo al principio, si me cansé de dormir fue porque al sueño no lo sueño dormido"

LA diferencia: Yo.

Hoy me siento mucho más fuerte que aquella vez.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El mercado de mi vida

La oferta y la demanda en mis relaciones, nunca llegan al equilibrio.

Me cuesta pedir, ése es el tema. Me cuesta decirle al otro que lo necesito, pedirle ayuda, porque sola no puedo, porque me creo muy fuerte pero en realidad soy débil. Me cuesta decirle al otro que ahora quiero que me escuchen a mí, que yo también tengo mis quilombos y también quiero compartirlos. Me cuesta demandar mis momentos, decirle al otro: "Pará. Ahora escuchame un poquito a mí". Me cuesta hasta responder cuando me ofrecen que demande.

Quizás sea que me cuesta necesitar, que soy muy orgullosa y me creo autosuficiente (como alguna vez me dijo un borracho en una fiesta frente a mi rechazo). Quizás sea que me gusta mucho dar, que siempre prefiero escuchar a los demás y serles útil. Quizás sea que siento que a nadie le va a interesar lo que yo tenga para decir, las cosas que me están pasando a mí, mis problemas y angustias. Quizás sea que siento que no me lo merezco, que no soy quién para demandar porque no lo valgo, que es una mentira eso de que doy mucho.

Sea por lo que sea, en las relaciones sociales que construyo, siempre hay exceso de oferta. Las dos curvas deben tocarse en algún punto, pero yo no soy capaz de deslizarme sobre el otro lo suficiente como para llegar al punto de equilibrio. Y, créanme, que el precio que pago por esto, resulta ser muy, muy alto.

jueves, 22 de septiembre de 2011

No hay respuestas a mi falta de preguntas

Algo así como lo que me pasaba acá. Sí, me sigue pasando.

Es raro, ¿tan ajena a mí puedo ser?

Cuando estoy con una de esas angustias en que chorreo moco a lo vago sin entender bien por qué (me pasa muy seguido, está en mi esencia), trato de buscar respuestas en escritos ajenos (siempre en escritos, también está en mi esencia).

Me la paso leyendo poemitas o prosas cortas de cualquier índole, sobre cualquier tema. También reviso blogs desconocidos de gente desconocida a la que le gusta volcar sus reflexiones en una página web. Y así busco, busco las respuestas a las cosas que me están pasando.

¿Tendré miedo de meterme muy para adentro? ¿Estaré preguntando en realidad cómo se hace para decir las cosas? ¿Seré tan insegura como para creer que, no sólo a los demás, sino que a mí tampoco me interesan las cosas que me pasan?

Lo peor es que busco y busco pero, adivinen qué pasa. Sí, adivinaron: no encuentro.

es que yo no creo en mi canción,
es que yo no espero nada de mí.-

martes, 13 de septiembre de 2011

Apuntes para resolver... algo

Mis problemas son:

- ser un tanto desequilibrada

- no decir las cosas que me pasan
- no saber cómo decir las cosas que me pasan, en qué momento, a qué persona, y entonces no decir las cosas que me pasan

- desconfiar siempre de lo que hago o dejo de hacer
- creer que siempre tengo razón, pero entonces pensar en que todos van a pensar que yo creo tener razón y entonces quizás no tenga razón, y entonces desfonfiar en lo que hago o dejo de hacer

- no ver más allá de mí, o ver demasiado
- no poder asumir quién soy
- encerrarme en algo que creo que soy y olvidarme de todo lo demás
- encerrarme en algo que creo que soy y olvidarme de todo lo demás, y entonces recordarlo y entonces ver tanto más allá de mí que me pierdo
- encerrarme en algo que creo que soy y olvidarme de todo lo demás, y entonces recordarlo y entonces ver tanto más allá de mí que me pierdo y creo que soy algo que no soy y entonces no poder asumir quién soy

- no empezar de una buena vez por todas terapia

viernes, 17 de junio de 2011

Cuando se quiebran todos los sentidos por una canción

Hoy encontré una joyita en feisbuc que me alegró la noche. La comparto porque realmente vale la pena:

 

Y recordé / redescubrí / reinventé / recreé / volví sobre una de las pocas medicinas que funcionan para mí tan infaliblemente a la hora de combatir el estrés, la quererirsealamierdastitis, y todas esas patologías muy propias de esta época del año. Esa medicina fue, es, y seguirá siendo el rocanrol.

martes, 24 de mayo de 2011

Podría pasar

¿Y si nada de lo que hago tiene sentido? ¿Y si creo que tengo alcance pero no llego a nadie? ¿Y si mi cabeza se estresa más de lo normal? ¿Y si no merezco reconocimiento alguno? ¿Y si voy contra viento y marea? ¿Y si la estoy pifiando? ¿Y si no pasó nada relevante para la Química el 16 de abril? ¿Y si no puedo cumplir mi rol dentro del espacio? ¿Y si no tengo ese rol? ¿Y si no lo quiero asumir? ¿Y si me quiero ir a la mierda? ¿Y si no me escuchan porque mis palabras no merecen oídos?

En ese caso...
¿qué hacer?

domingo, 15 de mayo de 2011

Reflexiones a próposito del casorio del año

(No de la boda real, sino del de la hermana de L.)

No sé si será porque en esa situación en particular, yo estaba jugando de visitante, era "la acompañante de", fui presentada a través de otro, y en definitiva estaba ahí a través de otro. Pero el caso es, que es terrible cómo los eventos sociales resultan tan reproductores del sistema patriarcal. Las parejas son un hombre y una mujer que lo acompaña, situada siempre atrás; los solteros son solteros, las solteras son solteronas.

Anoche, en un momento dado, se nos acerca una pareja amiga del padre de L. Él se pone a hablar de fútbol con L. Ella, al asumir que nosotras no podíamos participar en esa charla, empieza a hacerme comentarios tales como "Qué lindo el salón, ¿no?", "Está fresco acá afuera", "Qué emotiva fue la ceremonia", y finalmente -cuando ya no había más lugar para los comentarios huecos-, se dispone a hablarme de sus hijos. Así, de la nada, "Yo tengo una hija de tu edad, y otro más chico y blablblbalbablabalb". Los hombres hablan de fútbol, y las mujeres de hijos.

Yo no tengo hijos, a veces me gusta hablar de fútbol, y me sentí tan estúpida cuando no pude decir más que: "Qué lindo el vestido de Pali, ¿no?"

domingo, 27 de marzo de 2011

Contradicciones

Ayer, almorzando con mi amiga I., me pasó que la reté. Mi amiga I. está pasando por una situación especial con su novio, pero no vamos a ahondar en eso. La cuestión es que mi amiga I. me dijo algo así como: "Ya no la estoy pasando tan mal, porque me di cuenta de que él también la está pasando mal". Entones yo la reté. Y estuve bien, ¿no? Porque ¿cómo te va a satisfacer que el otro la esté pasando mal? ¿cómo te vas a alegrar con el sufrimiento de la persona que amás?

Y me quedé pensando sobre el tema. Y me di cuenta de que yo -esa amiga correcta que después retó a I.-, me pasé toda la noche del jueves, rogándole a L. que me dijera que la había pasado mal en el tiempo en que estuvimos separados. Lo peor es que no me fue fácil, y casi que le tuve que arrancar un Te extrañé. Porque no, porque no, no pude soportar que me dijera: "Estuve bien", "No fue tan terrible", "No tuve ningún momento de depresión brutal". No pude soportar que ante mi: "¿Y por qué cuándo volví de Gesell me hablaste por MSN?", me respondiera: "Te hablé porque quería terminar todo". No pude. Y todavía no puedo.

Pero ¿cuál es? Si al fin y al cabo, él ahora está acá. Si mientras escribo esta entrada, estoy esperando que me pase a buscar para salir. ¿Cuál es? Si al fin y al cabo, le pueden haber pasado muchas cosas en estos tres meses, pero en definitiva, decidió volver y quedarse conmigo. Ésa es la verdad objetiva. Y no lo estoy diciendo para convencerme a mí misma. Lo estoy diciendo porque, mientras ésa es la verdad objetiva, yo no pude evitar sentir ciertas... cositas. ¿Qué cositas? Como por ejemplo, que está acá porque no pudo o no supo estar solo. Que está acá porque yo quise volver y no pudo o no supo decirme que no. ¿Qué cositas? Inseguridades, sí, inseguridades. Mi gran karma. Y esas inseguridades inconformistas de mierda, viste, porque no es que estoy esperando que pase algo que no pasa, que eso es lo que me haría sentir segura, no. No estoy esperando nada, nada me viene bien. Porque si yo esperara algo, necesitara algo, quisiera algo, y no pasara, bueno, vaya y pase, pero no, pero no. Ése algo es súper incierto y entonces, claro, nunca va a poder cumplir ese objetivo, llegar a esa meta, sencillamente porque no existe. Yo sólo quiero sentirme segura. Ahora, ¿cómo voy a llegar a eso? Quién sabe.

Porque, ¿cuál es? ¿Verlo sufrir me daría seguridad? Verlo sufrir me daría poder, ésa es la posta. Y ojo, porque yo también siento que él se siente poderoso, porque él cree que yo ya estoy pensando en casarme con él y él en "ir probando de nuevo". Y eso lo hace sentir poderoso, yo creo que sí. Aunque si yo le dijera eso él me diría: "¿Vos creés que yo soy capaz de...?". Y creo que en algún punto sí. Y eso también me molesta, ¿sabés? Yo no quiero una relación asimétrica, eso es lo que no quiero. Yo quiero que los dos nos sintamos seguros de lo que el otro siente, que sintamos lo mismo, eso es clave, quiero seguridad, pero no quiero querer verlo sufrir para conseguir esa seguridad. ¿Así que fuiste feliz cuando estabas sin mí? Allá vos, viejo, pero por algo volviste, ¿no? Yo a veces la pasaba bien y a veces la pasaba mal, no te voy a mentir. Pero por algo volví también, y eso tampoco lo voy a desmentir. Tengo muchas ganas de estar con vos, tengo ganas de volver a amarte. Pero no te subas al pony por favor. La puta madre, me acaba de mandar un mensaje, dice que en diez minutos está en mi casa, y yo todavía no me cambié, en cambio estoy acá haciendo catarsis como una boluda, bueno pero por lo menos me sirve para no ir con todo esto encima, lo dejo acá, en mi blog queda, ahora me saqué el orgullo, no quiero poder, no quiero pony, quiero que nos amemos en paz, deséenme suerte, ni lo releo, chau.

sábado, 19 de marzo de 2011

Retrospectiva

Al cabo de mi primer semana de clases, de comienzo del ciclo lectivo, de viaje de ida hacia el trajín del año que empezó y va a seguir así hasta noviembre, he decidido mirar hacia atrás desde el hoy y hacer un balance de mi verano.

Qué loco todo, ¿no?

jueves, 3 de marzo de 2011

La soltería...

...es una perfecta función armónica.

El punto máximo, vendría a ser ese momento en el que la pasás bomba saliendo con tus amigas a chonguear, escabiando a full, cuando una noche en la que no pensabas hacer nada, caés en un lugar de X, que no pinta mucho, pero terminás conociendo a un bombonazo que te da bola. En el punto máximo todo parece joya, llueven los hombres, tu cabeza está inmersa en un mar de superficialidad en el que no necesitás pensar, te vivís riendo de esto, de aquello, tirotéas por acá, por allá, "no dejás títere con cabeza", y todo te sale redondo.
El punto mínimo, vendría a ser ese momento en el que leés algo como esto: "Noches en las que desearíamos / que nos pasaran la mano por el lomo, / y en las que súbitamente se comprende / que no hay ternura comparable / a la de acariciar algo que duerme"(*) y te ponés a llorar. En el punto mínimo extrañás el amor, te acordás de lo lindo que era dormirse abrazados y que al otro día te despierten a besos, de lo cursi pero a la vez reconfortante que era escuchar un Te amo en el medio del garche. Como es de esperar, en el punto mínimo la pasás como el orto.
Y el cero, ¿qué vendría a ser el cero de la soltería? Supongo que aquel equilibrio entre fiesta y melancolía. Pero ¿qué sería ese equilibrio? El conformismo de la soltería, se me ocurre. El dejar que la vida te viva a vos, quizás. O el momento en el que volvés a arrancar, ya sea para arriba, ya sea para abajo.

La soltería es una verdadera función armónica, así es.
(O al menos eso concluimos ayer con mi amiga J.)
Yo creo que soy una función armónica del seno, o sea que primero subo y después bajo. Creo que no tengo D, o sea desplazamiento vertical, porque siempre me gustaron las cosas simétricas. Creo que, por lo tanto, tampoco tengo C, o sea desplazamiento horizontal; con lo cual lógicamente mi ángulo de desfazaje es 0. Eso sí: mi conjunto imagen es de -80 a 80; con lo cual A es igual a 80, y mi amplitud es 160. Eso significa que cuando estoy bajón, estoy MUY bajón, y cuando estoy a full, estoy MUY A FULL. Ah, y mi período -esto diagnosticado empíricamente- es (30±5) días; con lo cual, B es (60±5). Así es. Por lo menos me consuela poder definirme. Y ahora concluyo en que soy muy nerd. Otra cosa que concluyo es que en este momento estoy terriblemente inmersa en mi punto mínimo = -80. Y por último: malditas matemáticas.

(*) "Nocturno", Oliverio Girondo.