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viernes, 17 de febrero de 2012

L. y yo, y la Biología

Cuando estoy rindiendo, estudio todo el tiempo. No sólo cuando me siento a leer: todo el tiempo.

Como la materia que estoy preparando ahora es Anatomía y Fisiología del cuerpo humano, mi amado L. pasa a ser mi modelo vivo. Y juro que soy insoportable.

Ay cómo me gusta la extremidad acromial de tu clavícula izquierda, le digo. Te voy a llenar de besitos la apófisis espinosa de tu séptima vértebra cervical.  Si me seguís haciendo cosquillas no me va a quedar otra que chuponearte el músculo esternocleidomastoideo. Pero cuando me pongo romántica: Mi amor, me encanta apoyar mi cabeza en tu pecho y escuchar el cierre de tus válvulas auriculoventriculares.
Y cuando tengo hambre le digo: el plexo de Meissner ya empezó a estimular a mi nervio vago para que secrete células gástricas, así que voy a cocinar. Y si se atraganta con algo: epa, te falló el cartílago epiglotis. Y a veces: tomamos tanto mate que estoy con una diuresis hídrica terrible, voy al mear y vengo. O por qué no: los movimientos peristálticos de mi intestino delgado ya están haciendo que mis desechos estén cada vez más cerca, mejor me voy a cagar.

Sí, debo ser insufrible. Él me sigue amando porque sabe que es por temporadas. Mañana rindo y se acaba. Pero me encanta que me ame a pesar de esto.

jueves, 19 de enero de 2012

Cuando todo brille

antes sólo era una obsesiva del orden
pero le empecé a encontrar el gustito a la limpieza

ahora Margarita es mi segundo nombre

y me voy a pasarle una aspiradora a la biblioteca
porque no soporto el polvo que juntan los libros

domingo, 15 de enero de 2012

debe ser que me estoy poniendo vieja.
 porque hoy cuando salí de bañarme, yo
- que hace años que no tengo ni siquiera pijama -
tuve un ferviente deseo de ponerme un camisón.

martes, 3 de enero de 2012

De mis vacaciones en casa

Estoy muy contenta con mis vacaciones en casa. Todos los días me levanto y, mientras me preparo el mate -porque yo cuando me levanto siempre tomo mate, sea la hora que sea-, pienso en qué tengo ganas de hacer hoy.

¿Leer un libro? ¿Agarrar la máquina de coser? ¿Decorar mi cuarto? ¿Jugar al Solitario Spider? ¿Depilarme las cejas? ¿Tejer un pullover? ¿Limpiar el baño? ¿Hacer macramé? ¿Pintar una remera? ¿Ordenar papeles? ¿Escribir un cuento? ¿Cocinar un postre? ¿Actualizar mi blog? ¿Hacer sudokus? ¿Ver una película? ¿Cortarme el pelo? Y largo etcétera...
Me gusta porque tengo toda la libertad del mundo de elegir cualquiera de esas opciones, sin presiones ni tensiones por empezar o terminar algo, hacerlo simplemente por el placer de hacerlo.

A raiz de esto estuve mambeando, estos días, si no seré una persona muy solitaria. Siempre el horóscopo dice que Capricornio es solitario, y yo (que me reconozco absolutamente en la personalidad capricorniana) nunca logré hallarme en esa característica.
Porque no me considero solitaria. Es simplemente que puedo disfrutar de mi soledad. No me embolo, no me aburro estando sola. Puedo disfrutarlo.
Y en este momento de mi vida, lo siento necesario. Quiero tiempo para mí, para estar conmigo misma, tranquila, pancha, haciendo lo que tengo ganas de hacer y nada más.

¡No se asusten, amig@s! Mis días son como cuento acá.
Por supuesto que mis noches son todas suyas...

lunes, 2 de enero de 2012

Penélope

Hoy se cumple una semana desde que L. se fue de vacaciones a Ecuador. (Tranqui, faltan 25 días más.) También se cumple una semana de que empecé oficialmente mis vacaciones, y estoy haciendo muchas muchas cosas en casa.

Por ejemplo agarré un tejido que había empezado este invierno y claramente había dejado por la mitad en la vorágine del año. Ya tenía tejida toda la espalda con lana doble: una marrón y una cruda. Pero le había hecho una forma medio rara, así que decidí destejerlo y empezar de nuevo. Llegué a la sisa y la tejí y destejí varias veces hasta que estuve conforme. Terminé la espalda con la nueva forma, y me di cuenta de que no me iba a dar la lana para hacer la delantera. Mi mamá me sugirió hacer otro punto para que rindiera más y me alcanzara. Empecé, pues, ese punto más flojo con la lana doble. Decidí que no me gustaba cómo quedaba con lana doble, así que destejí nuevamente todo lo que ya había hecho. Hoy empecé nuevamente el tejido únicamente con la lana marrón. Espero que esta decisión sea definitiva y dure.

Mientras tejo y destejo, suena esta canción en mis oídos. Es muy triste la versión de Serrat, creo todavía no es hora de mambear esas cosas.


viernes, 2 de diciembre de 2011

El mal humor

Es como un interruptor que tengo en alguna parte de mi cuerpo y que alguien -o yo misma- aprieta sin saberlo. A partir de ahí se activa drásticamente mi estado de mal humor. Y cada palabra que entra por mis oídos me duele, me aturde, me lastima. No puedo volver a abrir la boca porque nada lindo saldría, y en cambio cagaría a puteadas a todo el mundo.

Las razones que hacen que ese interruptor se active son muy variadas. A veces, que tengo ganas de hacer algo imposible; salir con alguien que en ese momento no puede salir, por ejemplo. También cosas insólitas, por ejemplo, que sea muy tarde pero no tener ganas de dormirme. Algunas cosas más complejas, como que me dijeron algo que no quise escuchar. O tener que cumplir con responsabilidades que en ese momento no quiero; por ejemplo a veces me pone de mal humor tener reuniones los domingos. Una cosa que me pone particularmente de mal humor es no poder transmitirle al otro lo que me pasa, sentir que no me entiende o que no me sé expresar. Tener mucho sueño también me pone de mal humor.

Hay pocas cosas en la vida que me sacan del mal humor. Una cena con amigas, por ejemplo. Preparar mate, por ejemplo. Un mensajito de L., por ejemplo. Escuchar algún buen tema, por ejemplo. Un halago o cumplido hacia mi persona, por qué no. Un buen Solitario Spider que gane como una campeona, sí señor. Ahora que me doy cuenta, existen más cosas en la vida que me sacan del mal humor que las que yo pensaba. Ahora sí, si no van a hacer nada para sacarme, prefiero que me dejen sola conmigo misma.

A veces para salir del mal humor, duermo. Duermo eternamente. El problema es que no hay nada que me ponga de peor humor que quedarme dormida o levantarme muy tarde.
Uhm.
Igual creo que escribir esta entrada me sirvió.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Destruir para poder construir

Hay cosas en mi vida que sencillamente me encanta desordenar.

La ropa, por ejemplo.

Anoche me acosté tarde y la verdad es que me tenía que ir a dormir. Cuando miré el estado de la cama en la que tenía que dejar caer mi cuerpo, era todo pura ropa. (¿Hacía cuánto que no dormía en mi cama?) La pila que salió del lavarropas el viernes y la que salió el sábado y la que salió el domingo; el malón de ropa sucia que me saqué el lunes antes de acostarme y la que me saqué el martes y la del miércoles y la del jueves y viernes; el despliegue que había armado a lo largo de toda la semana cuando no sabía qué ponerme y que habían quedado ahí porque no hay tiempo y estoy llegando tarde y me tengo que ir; las bombachas que había sacado de la canilla uno de estos días y que no tuve tiempo de ordenar porque estoy apurada y cuando vuelvo me ocupo.

Como con un dejo de bronca o de algo que tenía que sacar para afuera, rápidamente agarré toda esa ropa, la que estaba doblada y la que estaba hecha bollos, la que estaba perfumada y la que estaba chivada, la mía y la que había venido equivocada. La agarré toda de un solo tirón, abrí el placard, y la tiré en uno de los estantes.

Hoy a la mañana cuando sonó el despertador, sentí que tenía un objetivo, algo así como una asignatura pendiente que no podía esperar. Me levanté con más tiempo que "lo justo" porque tenía que ordenar mi ropa. Y lo disfruté tanto. Primero deshice mi cama, cambié las sábanas, puse a lavar las viejas y la arropé con las limpias. Después, empecé a sacar toda esa ropa que ya era puro quilombo ahogándose en el placard, y lo dispuse encima de la cama recién hecha. Y entonces, la parte que más me gusta: clasificar en la pila de remeras, la pila de pantalones, la de polleras, la de corpiños y bombachas... y una pila que nunca falta: la ropa de mi hermana K. o de mi madre, que vienen equivocadas. Pero no queda ahí; una vez que clasifiqué por grupos de ropa (por lo general tiene que ver con en qué estante o en qué percha va cada una), empiezo a clasificar por sub-grupos (lo cual tiene que ver con en qué pila de estante): remeras de manga corta, de manga larga, musculosa, tres cuartos, para campo, para salir, etc. Y finalmente, abro de par en par las puertas de mi placard y empiezo a acomodarlas despacio y prolijamente. Tengo algunos caprichitos como que por ejemplo no puede ir una remera blanca arriba de otra blanca, le tengo que meter en el medio una azul así mi placard resulta estético ante los ojos humanos.

Me encanta ser ordenada con mi ropa. Es igual que con los papeles (lo cual, de todas formas, merece una entrada aparte). Clasifico estructuradamente los tipos de ropa, y me ha pasado inconscientemente de no saber si comprarme tal o cual pollera por no saber en qué pila iría (así como no sé si guardar tal o cual apunte porque no sé en qué carpeta iría). A veces, incluso, me rebelo y cambio el criterio de orden: si antes dos polleras iban en pilas separadas porque una era de modal y la otra de bambula, ahora van juntas porque las dos son por la rodilla. Y cada tanto me entretengo cambiando el criterio.

Y porque me encanta ser ordenada con mi ropa, es que a veces me gusta desordenarla toda para sentir ese placer que implica ordenarla, pila por pila, color por color, tela por tela, y ver mi placard tan estéticamente acomodado por mis manos humanas.

sábado, 17 de septiembre de 2011

El vicio del juego

No sé qué se me habrá cruzado alguna vez por la cabeza, pero resulta que en mi computadora vieja, había desinstalado los juegos de Windows. Esos juegos que me entretenían (y para lo único para la que usaba la pc en realidad) cuando no había internet. Eran bastante chotos, la verdad, pero yo jugaba muy bien, en especial al Corazones, que era re difícil guacho!

Bueno, resulta también que ahora tengo computadora nueva. Y me di cuenta lo adicta al juego que soy, es terrible. Yo pensé que con ser fumadora y medio sexópata ya había cubierto la cuota de mis pecados. Pero no. El Solitario Spider me está matando. Cierro los ojos y veo cartas. A la noche, cuando me voy a dormir, me armo un juego mental y lo juego en mi cabeza. Realmente me está afectando.

(Cuando se lo conté a L., su respuesta fue: "¿Ahora te das cuenta por qué lo habías desinstalado?")

sábado, 23 de abril de 2011

Fotolog me arruinó la vida

He llegado a la conclusión de que no puedo seguir viviendo con sólo 200MB libres en mi disco. Me prometí a mí misma entonces, dejar de ser una acumuladora compulsiva y borrar manualmente todas las porquerías que tengo.

Pero me di cuenta de que Fotolog me arruinó la vida. Tengo como 3GB de fotos, fotos y más fotos. De cuando era súper importante tener mil fotos para poder postearlas, de cuando uno paseaba de fotolog en fotolog y robaba las fotos que habían posteado otros, de cuando te juntabas media hora con una amiga a tomar mate y te sacabas veinte fotos para después postearlas, de cuando además tenía una carpeta que se llamaba "lindis" (sí, alguien que me mate) para cuando me hacía la poética y posteaba una foto de un pájaro o alguna boludez así y el epígrafe era la letra de una canción.

¡Lo que era la cultura Fotolog! Y cómo -afortunadamente- la hemos perdido. (De más está decir JÁ, que todos esos 3GB de fotos son del 2008 para atrás... O SEAAAA.) ¿Realmente he dedicado toda mi preadolescencia a sacarme fotos y compartirlas con las mismas personas presentes en la foto?

(Bah, igual habla la que está escribiendo una recontrarepelotudez en un blog... Sí, quizás tenga una especial vulnerabilidad para estas cosas)

sábado, 26 de febrero de 2011

Ensayando

últimamente me está llamando mucho la atención el género ensayístico. bah, no sé si un ensayo es lo que yo creo que es un ensayo. me refiero a esos textos en los que se abarca un tema X, se propone algo, se argumenta, se reflexiona, se discute y se elaboran ciertas conclusiones. o no, o queda abierto, eso depende de si el escrito postula una hipótesis o abre un debate o qué se yo, supongo que habrá más variantes.

bueno, la cuestión es que tengo ganas de escribir ensayos sobre muchas cosas. siempre me pasa que de pronto, soy como iluminada -en situaciones tipo el bondi, la ducha, mientras estoy estudiando pero no estudio- por algún pensamiento. es como que me surge un cuestionamiento hacia X cosa, que abre muchas otras preguntas y debates. y los días sucesivos a tal evento, discuto conmigo misma sobre ese tema, no me lo puedo sacar de la cabeza. hasta que llega el día en que más o menos, llego a consolidar cierta idea sobre ese cuestionamiento, que no necesariamente se trata de adherir a alguna postura en particular o algo tan dogmático, quizás es simplemente que ya he contemplado suficientes piezas que intervienen en esa cosa X, como para poder decir algo más o menos interesante al respecto.

y entonces quiero empezar a escribir ensayos para volcar todo eso, ordenadamente en palabras. pero todo se resume a un deseo, y ese deseo no puede ser proyectado. porque tengo las ideas en la cabeza pero soy muy, muy atolondrada, de pronto quiero escribir en una sola oración la propuesta, el desarrollo y las conclusiones, y cuando intento dividirlo queda algo muy largo, y cuando más largo lo haga más trabajo me llevará, no porque sea largo en sí, sino porque supongo que eso implica profundizar y entonces tengo que investigar porque no es cuestión de escribir boludeces, ¿no? y encima siempre abro el word, y no es lo mismo abrir el word que el bloc de notas o incluso el papel real, o sea, cuando uno abre el word la cosa se pone seria.

pero acá estoy, escribiendo acerca de cómo quiero escribir ensayos. me parece que ahora mismo abro word y, por mucho que me presione y me exija, voy a escribir mi primer ensayo, que titularé: "Del rock and roll al rocanrol". podría contarles de qué se trata pero, you know, el asunto es tan grande que podría escribir un ensayo al respecto.

domingo, 20 de febrero de 2011

La impuntualidad al palo

Soy una persona por de más impuntual. Lo sé, lo admito y lo sufro bastante. Pero poco a poco, voy comprobando que, más que de una cualidad propia, se trata de que el mundo no me permite despojarme de este karma. El mundo, los planetas, el cosmos, las leyes de la física, se alían para que yo sea impuntual, incluso en situaciones donde llegar tarde no es una posibilidad real.

El viernes, por ejemplo, superé severamente mi nivel de impuntualidad. Fue el día en que rendía mi examen de Inglés a las doce y media. También el día en que tenía reunión en mi casa a las seis y media. A eso de las dos de la tarde, ya había terminado de rendir (¡aprobada y todo!), y me estaba yendo a almorzar. Después, lo de siempre, pintó guetor, puerta del colegio, esperar a que salgan los demás, encontrarme con gente, etcéteras. Mi plan era arrancar del colegio con Seba tipo 6 o un cachito antes, como para llegar efectivamente, seis y media a mi casa. (Mis cumpas tampoco se caracterizan por la puntualidad y mi living estaba ordenado, así que nada me exigía tener que llegar mucho tiempo antes.) A las cinco y pico, me llama Santi para preguntarme la dirección exacta de mi casa, y me dice "que ya está yendo para allá". Sé que Santi vive cerca de casa, pero supuse que quizás estaba volviendo de algún otro lado y me llamaba desde el bondi; la cuestión es que no se me ocurrió decirle que yo todavía no estaba en casa, porque suponía que estaba en horario. A las seis lo llamo desesperada a Seba para saber dónde estaba, para que viniera rápido que nos teníamos que ir. Cuando uno se mueve en masas todo se atrasa un poquito, pero aún así a las seis y cuarto ya estábamos a punto de tomarnos el subte D. Vuelve a llamar Santi. "Eh estoy en la puerta de tu casa, ¿me bajás a abrir?", me sorprendió que llegara quince minutos antes de la reunión, y sólo alcancé a decirle  -con total impunidad- que todavía no estaba en mi casa, que estaba yendo para allá, que ya llegaba (en media hora, con suerte). Nos tomamos la D, nos bajamos en 9 de Julio, enfilamos para la combinación, hora pico, mucho calor, mucha humedad, mucha gente, mucho de todo eso que uno odia de la city, esperamos la B, tardó en venir, nos la tomamos. Ni bien arranca el subte, yo anuncio con mucha serenidad: "Nos lo tomamos para el otro lado". Seba me responde, indignadamente sorprendido: "¿Cómo es posible? Es el subte que te tomás todos los santos días hace cuatro años para ir al colegio, ¡¿cómo es posible que te hayas equivocado?!". Yo tampoco dejo de sorprenderme pero en efecto, la estación siguiente fue Florida y no Uruguay. Teniendo en cuenta que tenía a un compañero esperando en la puerta de mi casa, que estaba llegando tarde a la reunión que yo había citado en mi propia casa, y que cuando uno rebota en el subte tiene que sumarle quince minutos más a los veinte que ya hay de Pellegrini a Malabia, sentencié: "Estamos un toque al horno". Me quedé pensando en lo extraño que era que Santi ya estuviera ahí, en que me llamara en un tono recriminatorio, en... y fue ahí cuando lo recordé: la reunión no era seis y media, sino cinco y media. O sea que mientras yo estaba ahí, en la estación Alem del subte B, recagada de calor, y con un nivel de histeria importante, estaba llegando no quince minutos, sino una hora tarde a la reunión que -repito- yo había citado en mi propia casa. La historia termina sencillamente: llegué a la puerta de mi casa a las siete de la tarde, y una caravana de diez compañeros estaban esperándome en la puerta de mi casa, mientras llovía y hacía mucho calor. Sigo sin poder creerlo...

No tenía que presentar la defensa de una tesis de quinientas páginas, y esperar después la evaluación y el resultado de un jurado de universitarios verdugos: tenía que rendir Inglés con Pernbaum. No tuve que esperar una larga fila de cuarenta estudiantes para que me llamaran a rendir el oral: fui la primera en rendir. No tenía otras cosas que hacer, un día agitado y a las corridas: estuve cuatro horas pelotudeando en la puerta del colegio. No tenía que viajar dos horas hasta Don Bosco para ir a la reunión: era en mi propia casa. No tenía que tomarme varios transportes desconocidos: tan sólo el mismo subte que me tomo todos los días. No había sido una larga cadena de mails en la que no había quedado claro cuál era el horario de la reunión: estaba clarito en el evento de Facebook, y lo había propuesto yo.
¿Ven cómo me fui alrrecarajo el viernes llegando una hora y media tarde a mi reunión? Pero no es posible que tamaña pelotudez, haya sido intencional.

jueves, 17 de febrero de 2011

Remodelando

Descubrí que los blogs son más lindos cuando tienen el fondo claro (ténganlo en cuenta, you blogga!). Así que le di una linda remodelación a mi querida hijita primogénita.



Estas son las fotos del agitado día de laburo:

 (Sí, Adela también estaba. Quizás porque estos días estuvo muy presente en mi cabeza.)



(Sí, se cagaba de risa. Quizás porque uno siempre la recuerda así.)

Y éste es el resultado:


¡Enjoy it!

martes, 11 de enero de 2011

El sol sale por el Este y se oculta por el Oeste

Hace siete años ya que vivo en esta habitación. Nunca me mudé de casa ni de barrio, pero el emanciparme de mi hermana y tener una habitación propia fue para mí toda una mudanza.
Hace siete años también, que duermo con la persiana alta. Porque siempre me gustó la idea de despertarme con el Sol en la cara, cuando entra por la ventana. ¿Para qué bajar la persiana y privarme de esa maravillosa entrada matutina del Sol?

PERO

Hace relativamente poco tiempo, me di cuenta de que mi habitación da al Oeste, y que por lo tanto el Sol nunca iba a pegar en mi ventanta por la mañana -no así por la tarde-. Me frustró darme cuenta -después de siete años- de que había estado viviendo una gran mentira. Pero por lo menos me sirve como regla memotécnica, para saber que el Sol sale por el Este y se oculta por el Oeste, antes siempre me confundía.
Quizás es por este tema de la persiana y la habitación en el Oeste que me cuesta tanto madrugar. Tranqui igual, a eso de las cuatro / cinco de la tarde el Sol empieza a picar y ya me levanto.

lunes, 10 de enero de 2011

el Hijo

Hay días en que fumo mucho, sí. Los días en que no me baño, no me depilo y no uso corpiño, coinciden con los días en que fumo mucho. Para mi fortuna, a la vuelta de mi casa hay un pequeño almacén ("lo de la Polaca") cuyos dueños -puedo asegurarlo- no duermen, velan todo el santo día porque el local permanezca abierto. Es muy práctico para mí que así sea. A veces la Polaca no está, y atiende su hijo. Creo que este Hijo es la persona que más desastroza me ha visto sobre la faz de la tierra. Y es que tiene que ver con lo que decía más arriba.

En la última semana, por ejemplo, pasé tres días sin bañarme. Sí. Tres días enteros. Y sin hacer otra cosa más que leer, escribir, tomar mate y dormir (ah, y ser feliz con eso). No salí a la calle más que para comprarle puchos a la Polaca (y a su Hijo). (Esta práctica la heredo de L., puedo jurar que antes de que él llegara a mi vida yo no hacía este tipo de cosas.) Durante esos tres días, el Hijo vio mi evolución, fue testigo de cómo poco a poco iba convirtiéndome en un monstruo. El primer día no estuvo tan mal; me había bañado el día anterior y la única herejía muy grave que cometí fue la de ponerme un short sin estar depilada, pero además de eso tenía puesta una remera blanca que me queda muy bien. El segundo día tampoco fue gran cosa; no me importó mucho estar sucia (sólo tomé la precaución de correrme el flequillo con una hebilla para que no se notara demasiado su grasitud), las dos herejías que cometí fueron esta vez la de ponerme un short -el mismo- sin estar depilada y la de no usar mis lentes de contacto y salir con anteojos. El tercer día ya fue más traumático, porque quise ocultar mi mugre y mi depresión; ésta vez las herejías fueron varias: me puse un pantalón largo para disimular mis pelos (pero eso hacía que me transpirara mucho la cara) y una musculosa que no combinaba (sin corpiño y sin depilarme las axilas), con respecto al pelo me puse una vincha que abarcara todo mi cuero cabelludo (porque incluso sin flequillo la grasitud chorreaba desde donde la miraras) y, lo cual es muy gracioso, opté por la no opción: ni anteojos ni lentes de contacto, salí al mundo completamente miope.
Así me presenté día tras día frente al Hijo. Y aunque nos hicimos amigos (ya nos tirábamos chistes y esas cosas), ni la más fresca sonrisa ni la más intensa mirada podían contrarrestar todo ese gran desastre que era yo.

Hoy quise redimirme porque ya me daba demasiada pena que el Hijo tuviera que ver semejante barrabasada. (Aclaro que el Hijo no me interesa como hombre en cuestión, en realidad no era tanto para cambiar su mirada, sino la mía.) Me bañé, me depilé, me empilché, me perfumé, me amigué con el corpiño, me peiné como corresponde, agarré una cartera de llaves y plata, y salí así a comprarle puchos al Hijo. Toda acicalada, toda tuneada, toda segura, toda linda.
El muy Hijo de puta no me reconoció.

domingo, 9 de enero de 2011

Perdoname

Suelo volver sobre lecturas pasadas. No me gusta conformarme con un "Eso ya lo leí", porque creo que si vuelvo a leerlo las palabras se renuevan y las resignifico. Y suele funcionarme.

Sin embargo, hay autores y textos que no dejan de parecerme sencillamente insufribles, por mucho que vuelva sobre esas lecturas, y a pesar de que pase el tiempo y pasen los años.

Perdoname, Jorge Luis, pero todavía no entiendo un pedo de lo que carajo sea que estés hablando.